En la transición... ¡no te reprimas!

 

Todo cambio pasa por un período de transición más o menos largo, y durante esa transición unas veces pensarás, sentirás, hablarás y actuarás conforme a la situación antigua que acabas de abandonar y otras conforme a la nueva situación que acabas de adoptar. Es normal, los apegos tienen una fuerza de arranque y de frenada y hay que tener paciencia hasta que esa energía se para y se diluye definitivamente. Ambos comportamientos son favorables cuando uno es consciente de cuál de ellos está interviniendo, porque ambos reforzarán el impulso de cambiar. Por lo tanto, aquello que hagas en ese periodo de transición, hazlo con alegría y con la convicción de que, tanto un comportamiento como otro, siempre será para bien.

Si intercalas un hábito viejo entre los hábitos nuevos no pasa nada, no te mortifiques por ello, sé consciente de por qué ha aparecido en ese preciso momento, reflexiona, saca las conclusiones oportunas y persevera en la práctica de los nuevos hábitos para que el viejo desaparezca.

Por ejemplo, si tienes que comer algún alimento denso  porque has cambiado tus costumbres alimenticias en favor de una alimentación saludable y ese alimento todavía está arraigado en ti, cómelo consciente y alegremente, de tal manera que cada bocado sirva para despedirte de lo viejo y darle la bienvenida a lo nuevo.

Hazlo así con todo y, sobre todo, ten mucha paciencia y perseverancia para avanzar en la transición.

 

 

ESSEN

"Encantados de Servir"

 

 

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